El Dr. insiste en introducirlos a todos ustedes, de cabeza y a las patadas, en lo profundo de la posmodernancia.
El Dr. no se va a gastar en atribuirle un "género" a las creaciones de estos muchachos (un guitarravocalista y un chelista, ambos con profuso acceso a los unos y ceros).
El Dr. les adjunta un video probatorio, les dice que bajen por acá, y buenas noches los pastores.
PUD reincide y, en su primer doblete, publica aquí un nuevo disco de Mogwai. En este caso, la compilación de los temas que integran la musicalización de la película de D. Gordon y P. Parreno.
Cuando ya estaba cerca de su retiro, a Zidane le propuesieron hacer una película a partir de su desempeño durante un partido completo del Real Madrid, donde jugaba por entonces. Tendría la duración real de un partido de fútbol y sería el seguimiento audiovisual nunca más detallado de quien, aún hoy, es considerado como uno de los mejores jugadores de los últimos tiempos (probablemente, el mejor de la Era Post.Diego).
El resultado de aquella aventura estética resultó ser un film de enorme factura. Que pese a seguir en buena medida el estereotipo de peli-francesa-requete-lenta, tiene a la vez, y sobre todo, lo mejor del cine francés: una exquisita poesía.
En este sentido, un componente sutil, pero decisivo, de la película es la música de Monsieur Mogwai, cuyos primeros acordes, si bien demoran en aparecer (y lo hacen de improviso, como todo lo que sucede en la película donde, por cierto y como ha dicho el mismo Zidane, pasa de todo), cuando entran en juego resultan tan precisos como los pases del propio Zizou.
El valor de uso del disco trasciende tranquilamente su condición de soundtrack. Basta que el lector/oyente tenga la disposición de escucharlo, acaso en un momento introspectivo.
Con Ágaetis Byrjun, y en 1999, Sigur Rós dejaba de ser una ignota banda islandesa de post-rock y pasaba a las grandes ligas, ganando cierta notoriedad internacional.
No era para menos: se trata de un disco brillante, lleno de invitaciones a -como quien dice- de pronto notar que uno está -por ejemplo- levitando -un poquito, unos centímetros, digamos, sobre la silla- y así como así decidir -como así- salir volando levemente -levemente- sobre la ciudad, ver las luces, la gente, los objetos que se desplazan.
Otro cinco cocochios, para disfrutar este viernes en el que las nubes y el fresquete aún le dan pelea al inicio de la primavera.